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POR UNA MINERÍA DE PROGRESO, RUMBO A PERUMIN

Por: Cecilia Bákula, historiadora y catedrática universitaria. 


PERUMIN es el evento que convoca, invita y congrega a los más destacados especialistas y personas interesadas en la minería, difunde las novedades técnicas asociadas a esa actividad y, muestra, con orgullo y decisión, los tesoros y las potencialidades del Perú en esa materia.

Son miles las personas interesadas que acuden año a año a este evento que hoy, por las restricciones temporales, solo está siendo un encuentro virtual, denominado Rumbo a PERUMIN, con la esperanza de realizarlo por todo lo alto el próximo año.

No obstante, este 2021 es un año de la mayor importancia. En el Perú celebramos y recordamos la fecha fundacional de nuestra república, el momento en que empezamos a tratarnos de igual a igual con otros Estados al haber adquirido personería jurídica propia. Pese a la relevancia de la fecha, esta ha pasado casi inadvertida, desaprovechándose la oportunidad de realizar una indispensable y pendiente reflexión para entender nuestra historia y nuestra identidad, forjada desde tiempos milenarios, con la concurrencia de diversas vertientes culturales.

Y es en el contexto de esta fecha bicentenaria que Rumbo a PERUMIN nos permite hacer un alto para comprender la importancia de la actividad minera a lo largo de todos nuestros siglos de existencia ya que nuestra joven república, hunde sus raíces en pueblos de gran tradición minera y orfebre, habiendo destacado siempre el Perú, por la riqueza y los extraordinarios aportes en este campo. Frases como “oro del Perú” y “vale un Perú”, nos llenan de orgullo y reflejan la admiración mundial hacia ese esfuerzo antiguo por extraer y dar valor agregado y simbólico al oro y la plata, transformando la materia prima en primorosos objetos de arte y culto.

Y a pesar de esa certeza, venimos dándole la espalda a esa realidad al no comprender o no querer comprender que la minería es eje transversal de nuestro desarrollo e historia y que en este momento de crisis, esa actividad está llamada a abrir puertas, despertar al país y recuperar no solo la economía, sino la identidad y el orgullo.

Esta crisis, larga ya, no debe quitarnos la visión de futuro, de alegría y esperanza. Cierto es que hacía mucho tiempo que el Perú no se enfrentaba a una vivencia de angustia, motivada no solo por temas sanitarios, sino agravada por crisis de valores, de polarización y desencuentro. Pero es en este mismo escenario, en donde el futuro empezará a cuajarse.

Hoy en día, la minería sigue siendo un motor sustantivo de la economía nacional y es indispensable verla con una mirada moderna, positiva y encontrar gracias a ella, formas de esperanza, mejora, crecimiento e inclusión competitiva en el mercado internacional. 

Desde cierta perspectiva, tendemos a pensar que toda la actividad minera es altamente negativa y, en realidad, esa carga de rechazo frontal solo debe darse para la minería ilegal; no cabe duda que más exigencia, vigilancia y presión se ejerce sobre la minería legal, dejando la ilegal bastante suelta a pesar de los gravísimos problemas que genera para la población, la recaudación, la explotación humana e infantil, el contrabando, narcotráfico y la agresión severa hacia el medio ambiente.

La minería legal y formal constituye la labor de un sector extractivo y productivo del país que ha alcanzado niveles de especialización que generan importantísimos ingresos a la economía nacional, así como que llevan bienestar social y ofrecen soluciones de altísimo nivel tecnológico respecto al manejo ambiental.

En ese sentido, PERUMIN es un foro en donde se demuestra los altos niveles de calidad y tecnología en las labores mineras y, por ello, busca llamar la atención en la potencialidad de esta actividad.

Es el Perú el que está en juego hoy; es nuestro futuro, la existencia de la república y el mañana de los más jóvenes y en este presente, la minería tiene un rol de la mayor importancia. No queda espacio para la inacción, el silencio, ni la mediocridad. Levantar la voz es sinónimo de esperanza y es una obligación ciudadana.

El Perú, nuestro país, con una geografía riquísima, pero severa y difícil, hace que seamos menos un país agrario y más un país minero. No dudo que la agricultura ha aportado y aporta grandes logros y que en esta tierra se dieron de manera extraordinaria y superior muchos productos que no solo han alimentado al mundo, sino que han permitido llevar a todas las latitudes productos únicos y excepcionales: papa, algodón y quinina, son tan solo una muestra.

Pero, no se trata de enfrentar ni competir entre esos sectores; se trata de entender que el Perú es también una realidad minera desde hace muchos siglos y que hoy es líder en la producción de cobre, plata, zinc y plomo, entre otros.

Vale recordar la importancia que tuvo el “Quinto real” que el virreinato del Perú aportaba a la corona española y que no era más que la quinta parte de la extracción de oro y plata que permitió a España recibir importantísimos aportes económicos. Igualmente, cómo el mundo europeo admiró el trabajo orfebre nativo y cómo existe una natural asociación del Perú con el oro.

Hoy, esa riqueza natural exige del Estado normas claras, positivas y transparentes. Se requiere una visión moderna y no satanizada de la actividad minera y, sin duda, mantener un control técnico que garantice, como sucede en casi todas las grandes empresas formales y legales, óptimas condiciones de trabajo ya que la minería insume y convoca a una importantísima población laboral que recibe cabalmente haberes, salud y prestaciones conexas.

Por ello, ha llegado el momento de abrir los ojos para revalorar el significado de la actividad minera en el país y es indispensable quitarle toda referencia de ideología para verla, con la seriedad del caso, con transparencia y verdad. Hacer lo contrario es llevarnos a más pobreza, más inseguridad y menos progreso, máxime cuando en esta actividad está comprometida la palabra y buena fe del Estado a través de contratos y el cumplimiento de normas internacionales y la observancia del ordenamiento jurídico que corresponde.

Negar la historia minera del Perú, desde sus culturas más antiguas, es colocar un velo de ignorancia y falso conocimiento. Que se debe regular, claro que sí. Que se debe vigilar, también es necesario, pero dejar de reconocer la potencialidad es tener una visión incierta y equivocada de la realidad y un desconocimiento culposo de nuestra historia.

Hoy en día, no hay quien deje de rendirse ante la belleza de las joyas que el Señor de Sipán nos descubrió, ante la labor orfebre de los Nasca, los Chimús y la perfección técnica de los Mochica, cuando siglos antes de nuestro tiempo, dominaron las técnicas de extracción, laminado, repujado, recopado del oro y la plata, logrando piezas bimetálicas que aún sorprenden. Oro y plata fueron elementos mágicos en la cosmovisión del mundo andino y la perfección técnica lograda nos habla de un riquísimo universo de valores espirituales y religiosos.

Estas palabras no estás destinadas a dar loas a empresa alguna, están orientadas a permitir que el gobierno y las autoridades, comprendan hoy y siempre que una actividad tan sensible para el futuro del Perú, el crecimiento y el proceso de reducción de pobreza, sea vista con objetividad y responsabilidad histórica. No dudo que puede haber algunos costos que asumir, pero toda actividad los tiene y es por ello que hay que propiciar y defender la formalidad para erradicar del país, de manera total, esa otra minería que destruye, aniquila, explota y empobrece.

Nuestro país tiene, ante esta crisis tan aguda, una –quizá última oportunidad– de sacar la garra de sus luchadores, el ímpetu de nuestros ancestros, el honor de nuestros héroes, la pureza de sus santos y la vitalidad de sus jóvenes.

Entonces, levemos las anclas de la desidia y de la derrota, para mirar rumbo norte para poder decirles a las siguientes generaciones, que fuimos capaces de revertir la tendencia fatalista y que quede escrito en la historia que los peruanos de este siglo, nos arriesgamos y comprometimos a dejar en herencia no una crisis sino un triunfo, no la pobreza sino riqueza, no corrupción sino valores, no pandemia sino salud, no ignorancia sino educación, no hambre sino progreso, no una minería satanizada, sino una moderna, productiva y exitosa.  

PERUMIN es, pues, el foro en donde se afianza la esencia minera de nuestro país y en donde se pone de manifiesto cómo la modernidad va de la mano con la tradición y cómo la esencia del pasado que nos enorgullece, se da la mano con la esperanza de un futuro mejor para todos. 

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