498 MINERIA MARZO

MINERÍA / MARZO 2019 / EDICIÓN 498 31 así fue como en los años sesenta del mis- mo siglo, el mantenimiento se basó primor- dialmente en la intervención completa de los activos a intervalos fijos. El costo del mantenimiento comenzó a elevarse considerablemente con relación a otros costos de operación; como resultado empezaron a implementarse sistemas de planeación y programación de manteni- miento con el fin de tenerlo todo bajo con- trol. Las principales características de esta época fueron y siguen siendo, en algunos casos, las siguientes: n Intervenciones periódicas. n Reducción de costos. n Búsqueda de disponibilidad. n Orientación a la ejecución. n Sistemas para la planeación, programa- ción y control del trabajo. n Énfasis en estadística. n Informatización. n Inventarios de repuestos basados en es- tadísticas de consumo. n Mantenimiento por especialidades. n Área de mantenimiento independiente de las áreas clientes y proveedores. La tercera generación Desde mediados de los años ochenta del siglo pasado, el proceso de cambio en las organizaciones ha alcanzado velo- cidades vertiginosas, debido a las deman- das cada vez mayores de la sociedad, los clientes, empleados y accionistas. El crecimiento continuo de la automati- zación a todo nivel y las altas exigencias mencionadas demostraron que las fallas tienen efectos cada vez más importantes en el desempeño empresarial. Situación que se evidencia claramente en la ten- dencia hacia sistemas oportunos de res- puesta y flexibilidad, en los que los ni- veles de inventarios óptimos hacen que el impacto de cualquier avería sobre la operación pueda ser mitigado, a partir de la disminución de tiempos de paros o de afectaciones en la calidad de los productos y servicios. El aumento de la mecanización y la complejidad de los procesos empresaria- les, unidos a mayores riesgos en la ma- nipulación, control y disposición de ma- teriales, hacen que las fallas ocasionen consecuencias más perjudiciales en la seguridad y en el medio ambiente, espe- cialmente si sucede en una sociedad cada vez menos tolerante. La evolución de los procesos y el dina- mismo de las organizaciones cambiaron los paradigmas y las creencias básicas acerca del mantenimiento. Es claro que ya no es tan importante hacer mucho, como sí hacerlo bien; ahora se reconoce que hay una menor conexión entre el tiempo de fun- cionamiento de un activo y sus posibilida- des de falla. Se reconoce la confiabilidad más como un asunto de satisfacción del usuario que como un problema estadístico y, de igual manera, se resalta el concepto: resultado, como objetivo preponderante antes que el de control. Existe hoy un intenso y dinámico cam- bio en los conceptos, estrategias, métodos y técnicas, aplicados al mantenimiento. Algunas características del presente siglo son: n Búsqueda de confiablidad. Figura 1. Ejemplo de la caldera.

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