35 AÑO 4 - Nº 153 / ABRIL 2023 se idearon los primeros sistemas de contabilidad de alimentos en la antigua Mesopotamia (e incluso antes, con mucha probabilidad). Durante siglos fueron un aspecto más de las sociedades, un valor de alcance limitado a algunos sectores. Pero entonces llegó la digitalización y los transformó en su verdadera razón de ser. Nuestras sociedades conectadas generan hoy inmensos volúmenes de datos: Cisco estima que, durante 2023, internet moverá 805 zettabytes (una unidad equivalente a un billón de gigabytes). El interés por sacar partido de esa cantidad ingente de datos, que no dejará de aumentar en los próximos años, ha disparado la necesidad de tener más capacidad de computación y de comunicación. Esto, al mismo tiempo, requiere cada vez más energía y recursos, hasta el punto de afectar de forma negativa a los equilibrios climáticos y ambientales del planeta. Se estima que en 2030 las redes y las infraestructuras de datos utilizarán un 14% de toda la energía eléctrica consumida en el mundo, lo que, a su vez, tendrá mayor o menor impacto climático dependiendo de cómo se genere dicha energía. A esto hay que sumarle, en los últimos años, el despegue del desarrollo de la inteligencia artificial (IA) y, en particular, del aprendizaje automático, una tecnología que necesita la computación de inmensos volúmenes de datos para desarrollarse y funcionar. Solo el proceso de entrenamiento de algunos modelos de IA puede generar 284 toneladas de dióxido de carbono (el principal gas de efecto invernadero). Es la misma cantidad que emiten cinco autos a lo largo de toda su vida. Aprovechamiento de la comunicación inalámbrica Frente a este contexto, el proyecto RF-Volution propone
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