MINERÍA la mejor puerta de acceso al sector minero EDICIÓN 581 / FEBRERO 2026 17 una depuración técnica que permitió validar únicamente aquellas estructuras con respaldo morfológico, cinemático y litológico verificable. Esta verificación se basó en metodologías multiescalares recomendadas por Zuloaga et al. (2016), centradas en la coherencia geométrica y el control litoestructural, así como en los criterios de campo propuestos por Villarreal et al. (2019) y el enfoque progresivo de deformación planteado por Contreras (2012) para los Andes centrales. Con la red validada, se priorizaron aquellas estructuras con potencial de actuar como conductos de fluidos mineralizantes o sistemas translitosféricos. Para ello, se evaluaron atributos estructurales como: tendencia coincidente con áreas mineralizadas, alto ángulo de buzamiento, contraste de edades entre bloques y presencia de diferenciación magmática. Los cuales sugieren actividad prolongada y control tectono-magmático profundo. Este enfoque se sustenta en los modelos de arquitectura litosférica de Pfiffner (2017), en los criterios estructurales-metalogenéticos de Camus y Castelli (2020), y el concepto de “mineral systems” controlados por zonas de debilidad persistente, propuesto por Hronsky (2013). Análisis direccional – Roseta estructural jerarquizada Con la red estructural validada, se construyó un diagrama de rosetas bidireccional ponderado tanto por longitud total acumulada como por número de estructuras. Este análisis permitió clasificar la red en cuatro conjuntos jerárquicos principales según su orientación dominante y frecuencia relativa (Figura 4): Control I: NW–SE (110°–160°): • Representa el 46.35%, claramente el conjunto principal. • Es la tendencia estructural dominante en longitud acumulada. Control II – E–W (70°–110° y conjugadas): • Con un 21.06%, corresponde al conjunto prioritario. • Se evidencia como una orientación estructural significativa pero subordinada al Control I. Control III – N–S / NNE–SSW (160°–20°): • Con un 16.89%, se clasifica como conjunto secundario. • Se vincula a un patrón meridional (N–S). Control IV – NE–SW / ENE–WSW (20°–70°): • Con un 15.70%, es el conjunto subordinado. • Menor peso estructural relativo, con participación en fallas locales. La jerarquización se estableció considerando tres criterios principales: Intensidad estructural (m/estructura). Longitud total acumulada por rango direccional. Participación en zonas de interferencia o cruce tectónico. Esta clasificación permitió relacionar cada conjunto estructural con eventos de deformación específicos y evaluar su influencia relativa en el control de la mineralización. Figura 3. Curva fractal C–A aplicada al índice de singularidad (α, derivado del LSA), mostrando la segmentación log–log y la definición de umbrales fractales para discriminar poblaciones de fondo y anomalías geoquímicas. Nota. La curva se construyó a partir del análisis fractal Concentración – Área (C–A) aplicado sobre el índice de singularidad (α) obtenido mediante LSA. Las pendientes diferenciadas en el espacio log–log permiten establecer umbrales fractales (α = –0.345, –0.039 y 0.207), que separan los valores de fondo (bajo, medio y alto) de las poblaciones anómalas. Este procedimiento facilita la delimitación de áreas con potencial geoquímico para mineralización.
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