REVISTA MINERÍA 581 | EDICIÓN FEBRERO 2026

MINERÍA la mejor puerta de acceso al sector minero EDICIÓN 581 / FEBRERO 2026 24 tificaron sectores con D > 1.20 (≈19% de la red), que reflejan una mayor madurez fractal y un incremento notable en la densidad e interconexión de estructuras. Estos dominios se asocian principalmente a segmentos del Conjunto I (NW–SE, 110°–160°) y, en menor medida, a zonas de cruce con el Conjunto II (E–W, 70°–110°). En particular, los sectores con D ≥ 1.25 evidencian una red estructural altamente conectada y posiblemente reactivada, compatible con zonas de cizalla con múltiples fases de deformación. Esta condición resulta crítica, ya que estudios recientes (Peng et al., 2023; Swain & Roy, 2024; Zhao et al., 2025) demuestran que los valores elevados de D están directamente relacionados con una mayor eficiencia en la migración y acumulación de fluidos hidrotermales en sistemas mineralizados. En conjunto, los resultados muestran que las estructuras de mayor jerarquía (Control I, NW– SE) con D > 1.20 definen dominios estructurales de alta prospectividad, al reunir condiciones críticas para el targeting geológico: conectividad estructural elevada, reactivación tectónica y convergencia de múltiples familias de fallas. Estos sectores deben ser considerados como blancos prioritarios para programas de exploración avanzada en sistemas tipo pórfido y epitermal (Figura 9a). La integración de la conectividad fractal (D, Box-Counting) con los polígonos geoquímicos priorizados (Figura 9b) evidencia una coincidencia selectiva: los polígonos de mayor interés se localizan principalmente en sectores con alta interacción estructural, concentrados en el eje central y sur del área de estudio. En contraste, hacia el norte y extremo occidental, varios polígonos se asocian únicamente a interacción moderada, lo que sugiere un menor grado de conectividad y potencial. Teledetección Los resultados obtenidos mediante Operaciones de Bandas (BM) y Análisis de Componentes Principales (PCA) muestran una marcada concentración de alteración argílica avanzada en el sector norte, mientras que las zonas fílicas y potásicas presentan mayor desarrollo hacia el noreste y el centro del área de estudio (ANAP Antabamba). Este patrón se interpreta como un sistema hidrotermal polifásico, con halos de alteración bien definidos y jerárquicamente organizados. La distribución de estas alteraciones coincide espacialmente con targets prioritarios previamente definidos por Zuloaga et al. (2016) y con la ubicación del proyecto La Yegua, lo que valida la confiabilidad de los resultados derivados de las técnicas espectrales. La comparación con datos de campo y descripciones petrográficas confirma la coherencia entre los índices espectrales y las evidencias de mineralización asociada. Respecto al modelo fractal Concentración – Área (C–A) aplicado a los índices compuestos de pórfido y epitermal, se observa que los píxeles anómalos (α anómalo) mantienen una Figura 6. Curva fractal C–A aplicada al índice de singularidad α (derivado del LSA–Índice Pórfido), mostrando los tramos segmentados log–log y la definición de umbrales fractales para diferenciar poblaciones de fondo y anomalías espectrales. Nota. La curva se ajustó mediante regresión segmentada, identificando cuatro tramos con pendientes diferenciadas: –0.09, –1.03, –3.22 y –7.39. Los umbrales fractales (α =−0.255, 0.097 y 0.200) separan poblaciones de fondo (bajo, medio y alto) respecto a la población anómala, lo que permite una delimitación objetiva de sectores con mayor significancia espectral y potencial exploratorio.

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