REVISTA MINERÍA 581 | EDICIÓN FEBRERO 2026

MINERÍA la mejor puerta de acceso al sector minero EDICIÓN 581 / FEBRERO 2026 68 pricho, sino porque decían que allí abundaban los muquis: pequeños seres de rostro arrugado, ojos brillantes como brasas y manos capaces de torcer el destino de cualquier hombre. En ese ambiente corría el siglo XVII y, un grupo de mineros, empujados por la necesidad y la ambición, en busca de oro, ingresó en la tal mina sin más y, lo peor, sin pedir permiso a los espíritus que la custodiaban. Día tras día, se adentraban más y la oscuridad se volvía espesa, y empezaron a sentir que algo los observaba. Algunos decían haber visto sombras que se movían sin razón, otros escuchaban risas agudas que se perdían entre tanto túnel. Hasta que una noche, los muquis se manifestaron. No llegaron con violencia, sino con engaños. Se aparecían ora como niños perdidos, ora como mujeres llorando o como compañeros de trabajo que allí habían muerto. Su objetivo era claro: arrebatarles el alma por haber profanado su territorio. Aterrados y sin salida, los mineros recurrieron a los más jóvenes para que escaparan como pudieran y avisaran a sus familias. Al llegar la noticia al pueblo, los más experimentados, con la sabiduría que dan los años, acudieron al rescate no con armas, sino con memoria: revivieron las danzas de sus ancestros, aquellas que servían para espantar el mal y proteger a los vivos. Se vistieron de diablos, con máscaras de cuernos retorcidos y trajes de colores encendidos, y descendieron a la mina no con palos ni armas, sino bailando con tal fuerza que cada paso parecía un conjuro. Y, como ya imaginará mi amigo minero lector, fortuitamente era la noche de un jueves. La tierra rugió con furia, y aunque los muquis fingían retroceder, todo presagiaba un final funesto. Mas, ¡Oh prodigio celestial! De pronto, una luz abrasadora desgarró la espesura de las tinieblas, era la mamacha Candelaria, la mismísima Virgen de la Candelaria, madre y guardiana de los desventurados y de los oprimidos, quien prorrumpió majestuosa entre los danzantes. Su fulgor hizo estremecer el aire; los espíritus, al saberse vencidos por tan divina fuerza, se disiparon como humo, y los mineros, quebrados por el tormento, hallaron al fin su ansiada salida a la libertad. 1. En 1970, Antiguo Jueves Minero en la Cerro de Pasco: presididos por el gerente Mr. Harry Allen, mineros y metalurgistas americanos y peruanos, amén de médicos –Marticorena, Severino y Polo– celebran el feliz término de una semana de trabajo.

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