MINERÍA la mejor puerta de acceso al sector minero EDICIÓN 581 / FEBRERO 2026 70 coyuntura del sector y contribuyen a consolidar la minería peruana frente a los retos de constancia, sostenibilidad y la creciente demanda global de minerales. La mujer y la mina: superstición, historia y resiliencia Estos Apuntes sobre la minería andina traen ahora a la memoria una realidad muchas veces obviada, cual es la presencia femenina en la labor minera, de la cual quizá el antecedente más conocido sean las Pallaqueras, mujeres que vivían literalmente en las bocaminas coloniales del centro, muchas veces acompañadas de sus hijos lactantes, incluso así lo registran documentos fotográficos, pero nunca descendían al socavón, pues la tradición ancestral les prohibía siquiera posar la mirada en la precaria escalera que conducía a las entrañas de la montaña. Su lugar estaba en el umbral, allí donde la luz del día se mezclaba con el aliento oscuro de la tierra. Su tarea era considerada sagrada: “escoger” el mineral recién extraído, separar lo valioso de lo inútil, distinguir con ojo entrenado aquello que guardaba el verdadero corazón de la veta. Se decía que las Pallaqueras –del quechua Pállay, recoger del suelo, cosechar; y pallaquear, verbo transitivo que significa, en este caso, entresacar o escoger la parte metálica o más rica de los minerales– poseían un don heredado de sus abuelas: una sensibilidad capaz de escuchar, según la tradición, el murmullo del mineral y reconocer en él la promesa de riqueza o el engaño de una piedra estéril. Y este fue el sino de la mujer andina por cientos de años, obligada a vivir en la bocamina y nunca bajar al socavón so pena de cargar con todas las desgracias que allí pudiesen ocurrir. Sin embargo, cabe un reparo: más que leyenda, este hecho remite a una de las tantas creencias arraigadas sobre la presencia de la mujer en los socavones, creencias que aún persisten en nuestras minas andinas. En estos espacios donde la superstición convive con el trabajo, y donde seres como los muquis custodian los secretos de la tierra, tales ideas han sobrevivido como parte del imaginario minero. Así como el muqui encarna lo sobrenatural que habita en las profundidades, la figura femenina ha sido interpretada –por siglos– como una alteración del orden pactado entre el hombre y la mina. No obstante, ahora esta visión, por primitiva, resulta irracional: la exclusión femenina no responde a la realidad de una minería moderna que necesita de todas las miradas y talentos. Persistir en tales creencias es aferrarse a un mito que, aunque atractivo como relato cultural, hoy no puede justificar la marginación de las mujeres en un mundo minero que exige inclusión y equidad. Según la explicación sociológica del ingeniero Jorge Olivari, esta superstición habría surgido como una estrategia para evitar el diezmo de la población indígena durante la Colonia. En aquel entonces, familias enteras –padre, madre e hijos– eran llevadas a las minas, donde enfrentaban condiciones tan extremas que 3. Delia Tasayco, la primera joven graduada como ingeniera de minas en Perú.
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