44 Edición Semanal Respecto a la profundización y geomecánica extrema que genera la necesidad de buscar leyes de mineral más competitivas, obliga a la transición de tajo abierto a minería subterránea profunda (como en los proyectos de Codelco). Década tras década las leyes de corte son más bajas y empujan a profundizar las operaciones, esto ha incrementado exponencialmente los riesgos de sismicidad inducida y estallidos de roca, obligando a redefinir los estándares de fortificación dinámica y nuevos procedimientos de ingeniería, según las tipificaciones de la calidad de la roca (de mala calidad), con participación de especialistas y tecnología que den una ventana de seguridad para los nuevos riesgos inherentes que se plantean en estas mayores profundidades. Ante ello, la industria está pasando de la “seguridad basada en la conducta” al diseño tolerante a fallas y a la automatización de procesos de alto potencial de daño, como la voladura y la acuñadura mecanizada. Cambio cultural La automatización y los Centros Integrados de Operaciones, ubicados en las capitales urbanas (Rancagua en el caso de Codelco El Teniente o Santiago para AMSA en minas a tajo abierto como Minera Los Pelambres) generan una mutación del riesgo, lo que exige una evolución radical de la cultura preventiva. Existe la falsa percepción de que, si no hay operadores en el tajo o en el frente de carguío de la minería subterránea, el riesgo es cero. El personal de mantenimiento en terreno tiende a relajar sus conductas, olvidando que las zonas de transición (donde conviven equipos autónomos con camionetas de supervisión humanas) son los puntos más críticos hoy en día. Lea el artículo completo: http://t.ly/tAXju
RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2