52 Edición Semanal Aquí existe una oportunidad que el país no debería desperdiciar. Miles de jóvenes tienen dificultades para acceder a empleos formales, estables y bien remunerados, mientras la minería necesita personas preparadas para trabajar. Tenemos, por un lado, demanda de talento y, por otro, jóvenes que buscan una oportunidad. Lo que falta es construir el puente entre ambos. Las empresas mineras deberían involucrarse más directamente en la formación de esos jóvenes, incluso financiando programas que desarrollen las competencias que realmente requiere la industria. Al mismo tiempo, debemos revisar la exigencia de experiencia previa para posiciones en las que esa experiencia puede complementarse mediante simuladores, realidad virtual, visores 3D y prácticas supervisadas en condiciones similares a las del trabajo real. Los institutos técnicos tienen también una enorme responsabilidad. Deben responder con rapidez a las nuevas necesidades del mercado, ofreciendo programas cortos, exigentes y estrechamente vinculados con las empresas para cubrir sus demandas laborales. La escasez de trabajadores mineros no tiene por qué convertirse solamente en un problema. Puede ser una extraordinaria oportunidad para formar a una nueva generación de técnicos peruanos y ofrecerles empleos formales y bien remunerados. La demanda ya existe. El talento también. Lo que necesitamos es formar ese talento antes de que la oportunidad se nos escape.
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