MINERÍA la mejor puerta de acceso al sector minero EDICIÓN ESPECIAL 79 Adoraban y veneraban al sol, inti en quechua, idioma que según su creencia, descendía de él, además, entre otras deidades, adoraban al rayo, el cual provocaba las lluvias. Ambos, sol y lluvias, eran esenciales para poder obtener unas buenas cosechas. Cusco era la capital política-religiosa de los incas, allí estaba situado el Coricancha, un recinto donde estaba el santuario del Sol, lugar que acogía a los altos miembros del clero. Mencionan los que observaron el lugar, que las paredes exteriores de este santuario dedicado al Sol, dios tutelar de los incas, estaba decorado con placas de oro. Asimismo, las paredes interiores también con oro, pero además, con turquesas y con esmeraldas. Existía también allí, un santuario dedicado a la Luna, a Venus, al Rayo y al Arco Iris. Cerca al santuario del Sol existía un jardín donde estaban plantadas mazorcas de maíz, pero elaboradas con oro y con plata, allí se realizaban ceremonias para asegurar la fertilidad de las tierras de cultivo y para obtener una buena cosecha de este vegetal. Los responsables de realizar las ceremonias pertenecían a la clase dominante, siendo el inca gobernante la máxima autoridad clerical. El gran sacerdote, que era el segundo en la jerarquía, era elegido entre los hermanos o los tíos cercanos del gobernante. Los incas recurrían constantemente a los adivinos antes de emprender alguna acción futura, estos lo hacían entre otras, interpretando las entrañas de algunos animales, especialmente de las llamas, utilizando para este caso el accionar de un tumi. «...sacrificavan en este mes al Sol gran cantidad de carneros de todos los colores llamados los unos huacarpana, que eran blancos y lanudos y otros carneros llamados huanacos, y otros pacos blancos lanudos llamados cuyllor y otros pacos llamados paucarpaco, que eran hembras, bermejos y lanudos y otros pacos llamados oquipaco...» (Cristóbal de Molina, pág. 67). Al respecto, una de las ceremonias más importante para los gobernantes incas era la denominada Callpa, donde el Villac Umo presidía la ceremonia mágico-religiosa. En esta, una llama, procedente de un rebaño exclusivo para este ritual, era sacrificada. El camélido andino sin atarles las extremidades, era colocado con la mirada al oriente, empleando un tumi o cuchillo ceremonial, se le abría el pecho por el costado izquierdo, sacando el corazón y los pulmones, si estos salían rotos o el corazón lastimado, era un mal pronóstico. Asimismo, si la llama movía alguna de las patas en pleno sacrificio no era una señal positiva. Un buen pronóstico era considerado si los pulmones salían palpitando. Luego, si al ser inflados estos, no escapaba aire, también era considerado un buen presagio para el gobernante. El encargado de esta ceremonia mágica-religiosa era el Callpariquq. «...calparicu que quiere decir los que ven la ventura y suceso que avían de tener las cosas que les preguntavan, los quales para el dicho efeto matavan aves, corderos y carneros y soplando por cierta vena los bofes, en ellos hallavan ciertas señales por donde decían lo que auía de suceder...» (Cristóbal de Molina, pág.62). Los incas en forma excepcional, con la finalidad de apaciguar a los dioses y recuperar su benevolencia, realizaban sacrificios humanos. En algunas ocasiones se producían en el territorio inca sequías prolongadas que perjudicaban la agricultura, epidemias o algún otro acontecimiento inesperado que afectaba el buen gobierno, razón para acudir a los dioses.
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