PRUEBA PARA SABE

Ernesto Baertl 96 97 Prueba para sabe había impuesto una disciplina estricta. Todavía puedo recordar el escalofrío que nos invadía cuando un alumno era citado en la oficina del Director. La Escuela había sido fundada unos 50 años atrás por profesores polacos y en ella siempre fue muy fuerte la tradición de las escuelas de ingeniería de Francia, que hacía hincapié en que los futuros ingenieros debían estar sometidos a un régimen mucho más riguroso que el que reinaba en otras universidades. Muchas veces, años después, los compañeros de la promoción nos hemos reunido y conversado sobre esa exigencia. Todos coincidimos en que gracias a esa disciplina nos formamos profesionalmente. Más adelante, en nuestra vida profesional, aplicamos ese rigor en el trabajo diario. Don Enrique La Rosa, nuestro muy temido Director, ocupó el máximo cargo de la Escuela durantemuchos años sin aflojar ni un centímetro. Finalmente, cuando estábamos en cuarto o quinto año, La Rosa se retiró y en su lugar fue nombrado el Ingeniero Valverde, con quien el tema disciplinario comenzó a relajarse. El régimen que presidía nuestro Director estaba lleno de reglas que nadie podía violar. Los alumnos debíamos ingresar antes de las ocho de lamañana, hora en que se cerraba la reja. Nuestro horario era como el de un colegio, con clases seguidas toda la mañana, parábamos al mediodía para almorzar en casa y en la tarde volvíamos para dos o tres clasesmás.Había recreos e Inspectores encargados de tocar la campana. Eran tres, Rivero, Cavero y Elías, que vigilaban permanentemente las entradas, salidas y el orden de las clases. Nada se les escapaba. Se paraban a vigilar en las puertas posteriores de los salones para ver si alguien faltaba al orden. Desde luego usábamos saco y corbata, como era usual en esa época. En la escuela, además, todos éramos hombres, excepto unamujer, Angélica Zegarra, que terminó sus estudios un par de años antes que yo. Nadie podía ingresar a la Escuela llevando un periódico y si llevabas uno te lo quitaban en la puerta. Por otra parte, no se podía hablar de política. Nadie hablaba de ciertos asuntos que se consideraban no solo inconvenientes sino peligrosos. En la promoción teníamos un compañero, unmuchacho apellidadoCalensani, que era aprista. Llegó un momento en que Calensani fue perseguido por la policía y estuvo escondido durante un buen tiempo. La peripecia por la que pasaba este compañero era algoque nos impresionaba enormemente. Así era el país en el que vivíamos y a nadie le llamaba la atención. La Escuela estaba en la calle Espíritu Santo, hoy el Jirón Callao del Centro de Lima, y era un local cerrado con pisos de losetones de cemento, algunos pequeños jardincitos, un gran patio central y otro posterior. Entre los dos patios había una gran aula donde se dictaban las clases del primer año. Los salones quedaban alrededor de los patios. En el segundopisodel patiode atrás estaban los salones de arquitectura y en el segundo piso del patio de adelante se ubicaban el laboratorio y el museo de mineralogía. En ese ambiente se dictaban las clases para los que estudiaban ingeniería de minas. En este mismo local estudió mi padre entre los años 1911 y 1915.

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