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RESCATE MINERO 4.0: PREPARACIÓN, LIDERAZGO Y TECNOLOGÍA PARA SALVAR VIDAS EN OPERACIONES MINERAS DE ALTO RIESGO

Por: Fernando Altamirano, coordinador general de la Competencia Nacional de Rescate Minero 2025 y 2026.


Introducción

 En minería, la gestión de emergencias ha evolucionado significativamente. El crecimiento de la mecanización, la complejidad de los procesos, la incorporación de nuevas tecnologías, la operación de grandes equipos y la coexistencia de múltiples fuentes de energía y materiales peligrosos han incrementado la complejidad potencial de los eventos no deseados.

 En una operación minera moderna, una emergencia puede convertirse rápidamente en un escenario multievento: incendio, humo, pérdida de visibilidad, afectación de sistemas eléctricos, alteración de la ventilación, comunicaciones comprometidas y personas atrapadas o expuestas a atmósferas peligrosas.

 Ante este escenario, la pregunta fundamental ya no debería ser solamente ¿Tenemos un plan de emergencia?, sino: ¿Estamos realmente preparados para responder a la emergencia que todavía no ha ocurrido?

 La experiencia en operaciones a tajo abierto y minería subterránea en diferentes países y contextos operacionales, junto con la coordinación de la Competencia Nacional de Rescate Minero, nos indica que la verdadera capacidad de respuesta no depende exclusivamente de una brigada, equipos especializados o procedimientos documentados. La capacidad de rescate es un sistema donde interactúan personas, liderazgo, protocolos, recursos, comunicaciones, interoperabilidad, tecnología y aprendizaje continuo.

De la respuesta reactiva al Rescate Minero 4.0

 La evolución puede entenderse en cuatro etapas:

 Rescate 1.0 – Reactivo. La organización responde cuando ocurre la emergencia.

Rescate 2.0 – Estandarizado. Se desarrollan brigadas, planes, protocolos de respuesta, equipos especializados y simulacros.

Rescate 3.0 – Integrado. Se incorporan sistemas de comando, interoperabilidad con otras empresas mineras y coordinación entre organizaciones.

Rescate 4.0 – Inteligente. Se integran datos, sensores, drones, robots, cámaras térmicas, sistemas de localización, simulación, analítica e inteligencia artificial.

 La tecnología no reemplaza al brigadista, amplifica su capacidad para decidir y actuar. Por ello, Rescate 4.0 no significa simplemente incorporar más tecnología, sino transformar la capacidad de respuesta mediante la integración, preparación de personas, liderazgo, interoperabilidad y tecnología.

 La respuesta comienza antes de la emergencia

 Los principios esenciales que deben orientar la actuación de toda brigada y cuerpo de emergencias se muestran en los dos triángulos. El triángulo de la Prioridad, que establece la secuencia de intervención: primero la seguridad de la vida, luego la estabilización del incidente y, finalmente, la conservación de la propiedad; y el triángulo de la Supervivencia, que coloca en el centro de la respuesta la protección de uno mismo, la brigada y en último término de la víctima. Ambas recuerdan que ninguna intervención de rescate debe transformar al rescatista en una nueva víctima.

 Dos principios fundamentales de la respuesta a emergencias

Figura 1. Triángulos de la Prioridad y de la Supervivencia.


La primera brigada de emergencia de una mina es la propia mina

 Una organización preparada no comienza a gestionar la emergencia cuando se activa una alarma. La preparación empieza con la identificación de peligros y la evaluación de escenarios creíbles.

 El proceso debe seguir una lógica estructurada: identificar peligros → definir escenarios → establecer controles críticos para las actividades involucradas → preparar la respuesta → verificar capacidades → aprender y mejorar.

 Los escenarios deben representar razonablemente las emergencias de la operación: incendios, derrumbes y atrapamientos, incidentes con materiales peligrosos, pérdida de ventilación, accidentes de tránsito con trabajadores atrapados, situaciones multievento, entre otros.

 El objetivo no es simplemente realizar un simulacro, sino verificar si los controles, protocolos, recursos y personas funcionan como fueron diseñados. La evaluación debe considerar personas a proteger, tiempos, recursos, comunicaciones, rutas, aislamiento de energías y condiciones que puedan impedir una intervención segura.

 Principio operacional: Vida → Estabilización → Propiedad | Víctima → Brigada → Yo Mismo.

La capacidad de rescate es un sistema, no es solamente una brigada

Los cinco pilares del Rescate Minero 4.0 son:

 Preparación: escenarios realistas, protocolos de respuesta, equipos, logística, comunicaciones y simulacros.

Personas: competencia técnica, condición, disciplina y entrenamiento. El brigadista debe saber hacer, hacerlo de manera confiable, desempeñarse bajo presión y aprender continuamente.

Liderazgo: sistema de gestión de emergencias, mando y control, comunicación, priorización y toma de decisiones.

Interoperabilidad: integración entre compañías mineras, contratistas, autoridades, bomberos y organizaciones de ayuda mutua.

Tecnología: drones, robots, cámaras térmicas, monitoreo atmosférico, tracking, IoT, IA y simulación.

 Liderazgo operacional: la variable crítica

En los primeros minutos de una emergencia se toman decisiones que pueden determinar el resultado del evento. El proceso debe seguir una secuencia disciplinada:

 Información del evento → evaluación de la escena → prioridades → decisión → acción → reevaluación.

 El Sistema de Comando de Incidentes (ICS) proporciona una estructura común para organizar recursos, responsabilidades, comunicaciones y prioridades.

Los líderes deben entrenarse en escenarios con información incompleta, presión de tiempo, ruido, comunicaciones deficientes, fatiga, estrés y cambios inesperados. La velocidad sin control puede aumentar el daño.

 La emergencia no es el momento para aprender a liderar, el liderazgo debe haberse entrenado antes de la emergencia.

 Interoperabilidad: ninguna emergencia importante se limita a una concesión

 Una emergencia de gran magnitud puede superar rápidamente las capacidades de una sola organización. Por ello, la preparación debe incorporar mecanismos de interoperabilidad entre compañías mineras, contratistas, brigadas especializadas, bomberos, servicios médicos, autoridades y proveedores.

 La ayuda mutua debe pasar de los acuerdos documentales a capacidades probadas mediante activación, comunicaciones, movilización, compatibilidad de equipos, roles, sistema de comando, procedimientos comunes y ejercicios conjuntos.

 El Convenio de Ayuda Mutua en Emergencias suscrito entre Minsur y Compañía de Minas Buenaventura, que fue presentado durante la jornada de Rescate Minero 4.0, constituye un paso hacia una visión colaborativa de la respuesta.

 Tecnología: información antes de entrar al peligro

Drones y robots pueden proporcionar reconocimiento remoto antes de exponer a los rescatistas. Las cámaras térmicas permiten identificar focos calientes o personas. El monitoreo atmosférico aporta información sobre oxígeno y gases antes de autorizar una intervención.

 Tracking e IoT mejoran la ubicación de personas y activos. La inteligencia artificial y el video analytics pueden apoyar la clasificación y priorización de información. La simulación y los digital twins permiten entrenar escenarios complejos sin exposición innecesaria.

 Antes de adquirir tecnología debería formularse una pregunta: ¿Qué decisión crítica queremos mejorar? El objetivo no es instalar más tecnología: es reducir incertidumbre, disminuir exposición y mejorar la calidad y velocidad de las decisiones.

 Integrar la tecnología en un sistema de respuesta

 El modelo puede organizarse en cinco capas:

 Capa 1 – Campo: sensores, cámaras, drones, robots, radios, monitoreo de respiración y localización.

Capa 2 – Información: datos atmosféricos, tracking del personal, mapas, video y alarmas.

Capa 3 – Decisión: Centro de Información/Control, ICS, protocolos y analítica.

Capa 4 – Respuesta: brigadas propias, bomberos, contratistas y ayuda mutua.

Capa 5 – Aprendizaje: KPI, debriefing, investigación de incidentes, mantenimiento, simulación y lecciones aprendidas.

 No deben existir sistemas independientes. La integración es el verdadero sistema. La respuesta de emergencias debe integrarse al sistema operativo de la unidad minera.

La CNRM como laboratorio de preparación

 La Competencia Nacional de Rescate Minero (CNRM) trasciende el concepto de competencia. La edición 2025 reunió 15 brigadas, 90 brigadistas, 14 jueces, siete pruebas, cuatro escenarios complejos y 19 empresas sponsor, generando un espacio de evaluación, intercambio técnico y aprendizaje bajo condiciones realistas.

 Una competencia correctamente diseñada permite observar liderazgo, toma de decisiones, gestión del riesgo, comunicación, utilización de equipos, respuesta ante información incompleta y desempeño bajo presión.

CNRM 2026: un nuevo nivel de exigencia

 La edición 2026 del CNRM, programada para el 7 de noviembre en Cetemin – Chosica, continúa esta evolución mediante escenarios y especialidades de mayor complejidad para minería subterránea y tajo abierto.

 Se consideran pruebas complejas que involucran materiales peligrosos, incendios, rescate con cuerdas, rescate vehicular, espacios confinados, rescate minero y soporte básico de vida.

 La evaluación considera seguridad de la escena, seguridad de la brigada, seguridad de la víctima, seguridad de las maniobras, liderazgo, comunicación, toma de decisiones, mando-control, eficiencia y tiempo.

 La excelencia en rescate requiere velocidad, pero una velocidad segura, controlada y técnicamente sustentada.

 Más que una competencia, vocación de servicio.

¿Cómo sabemos si realmente estamos preparados?

 La preparación debe ser medible.

 Tiempo de respuesta: detección → alarma → despacho → llegada → intervención.

 Los siguientes indicadores permiten pasar de una evaluación basada en documentos a otra basada en desempeño.

 Capacidad: competencias disponibles, horas de entrenamiento y escenarios ejecutados.

Confiabilidad: disponibilidad de equipos críticos, comunicaciones y monitoreo.

Mando:briefing, accountability, comunicaciones y decisiones.

Seguridad: desviaciones críticas y exposiciones innecesarias.

Aprendizaje: acciones cerradas, recurrencia de brechas y mejoras incorporadas.

 Lo que no medimos no lo podemos mejorar; lo que no verificamos no podemos asumir que funciona.

Hacia una capacidad nacional de respuesta

 El desafío de los próximos años no debería limitarse a formar mejores brigadas individuales. El verdadero desafío es construir una capacidad nacional de respuesta ante emergencias mineras.

 La hoja de ruta hacia 2030 considera cinco estrategias: 

·    Estándar nacional, para establecer capacidades mínimas y criterios comunes.

·    Entrenamiento, con escenarios realistas y evaluación profesional.

·    Interoperabilidad, mediante convenios y ejercicios conjuntos.

·    Uso de tecnología y digitalización, integrando centros de información, tracking, sensores y analítica.

·    Aprendizaje, mediante KPI, lecciones aprendidas y mejora continua. 

La meta es pasar de preguntar ¿Cumplimos?” a preguntar ¿Qué tan bien responderemos cuando realmente ocurra?. 

Conclusiones 

1.    Una emergencia minera no puede gestionarse con improvisación. La complejidad operativa creciente exige evolucionar desde un modelo centrado en planes y equipos hacia un sistema integral de capacidad de respuesta. 

2.    Rescate Minero 4.0 propone esa evolución: Preparación + Personas + Liderazgo + Interoperabilidad + Tecnología. Ninguno de estos elementos funciona aisladamente. La tecnología sin personas competentes no genera capacidad, una brigada altamente entrenada sin liderazgo puede fracasar, procedimientos excelentes sin ejercicios realistas no permiten verificar su eficacia y una operación con recursos propios puede requerir, ante una emergencia mayor, la integración de toda la industria.

3.    La preparación debe verificarse mediante desempeño real, escenarios creíbles, presión operacional, indicadores objetivos y aprendizaje continuo. 

4.    La Competencia Nacional de Rescate Minero constituye una plataforma para impulsar esta transformación mediante estándares, intercambio técnico, evaluación y cooperación entre empresas. 

5.    El objetivo final no es tener la mejor brigada. Es construir la capacidad de respuesta más confiable para proteger vidas.

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