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RECORDANDO A CARLOS AMAT Y LEÓN

Por: Carlos Loret de Mola. 


Se fue un grande. Carlos Amat y León nos dejó el 29 de julio pasado. Sabiendo que se iba, al despedirse gradualmente distribuyó y nos encargó diversas tareas que él impulsaba. El reto es continuarlas.

Nos conocimos a principios de los 80 en una reunión de trabajo entre jóvenes profesionales para conversar sobre el retorno del Perú a la democracia y acerca de la necesidad de una política de desarrollo (policy) diferente a la política (politics) y, sobre todo, de la politiquería barata que nos ha hecho perder el rumbo tantas veces. 

En un nuevo regreso democrático, 20 años después, nos reencontramos para rediscutir una temática similar con más experiencia, él en el campo de la agricultura y yo en minería, siempre con una visión articulada e integral del desarrollo.

Nos reuníamos muy temprano en la Universidad del Pacífico. Conversábamos, entre otros, de temas relacionados al Perú profundo y al conocimiento ancestral de más de 5,000 años de proceso civilizatorio. Ello devino en reuniones de un grupo hoy denominado Ciencia Andina.

Más recientemente impulsó otro grupo de reflexión y propuesta que llamó “Parques de la Vida", es decir, sitios bonitos para vivir felices. Lugar de confluencia de conocimientos y cosmovisiones del ande con una pluridiversidad para compartirlos con los ciudadanos del territorio andino. 

Fue una iniciativa inspirada en su experiencia como miembro del comité consultivo de la Asociación Andes, organización no gubernamental, donde participó en el desarrollo del Parque de la Papa y el Parque del Maíz en manos de comunidades de Pisac y Lares. Uno de estos parques debiera, en su memoria, ser bautizado Carlos Amat y León.

Desde hace una década estuvo en Caral al lado de Ruth Shady, gran defensora y protectora del significado de más de 5,000 años de proceso civilizatorio, con quien trabó una estrecha amistad. Junto con ella defendió este patrimonio cultural. Más recientemente, en sintonía con ella, fomentó desde Caral experiencias contemporáneas para mostrar en un espacio de 10 hectáreas lo que una familia agrícola tecnificada puede producir en áreas pequeñas. 

Asimismo, promovió desde Supe, lo que el mar peruano, la pesca y sus derivados son capaces de aportar en su relación con la agricultura y la seguridad alimentaria de los peruanos del futuro. Finalmente, trabajó para convertir la casa de José María Arguedas, también en Supe, en un sitio de cultura que promueva lo que significa ser peruano. Iniciativas que buscaban proyectar el desarrollo hacia el futuro.

En el Cusco fue directivo del Centro Bartolomé de las Casas que propicia e impulsa el estudio y la comprensión del mundo rural andino – amazónico, en todas sus dimensiones y desde donde Carlos recogió tantos conocimientos.

Viajero incansable y empedernido. Tuve la suerte de estar con él en Hualgayoc y Cajamarca donde él mismo resaltaba la importancia de la relación minería – agricultura, conociendo la obra que realiza ALAC organización corporativa promovida por la minería de Yanacocha dedicada a ayudar al desarrollo humano sostenible en las zonas rurales y urbanas de la región Cajamarca.

 Desde sus inicios fue activo participante de Agromin aportando su experiencia para difundir la relación complementaria de agricultura y minería; actividades que se apoyan mutuamente poniendo en valor lo que es nuestro. También lo acompañé a la reserva paisajista Nor Yauyos que él ayudó a establecer y que ya ha cumplido 20 años. 

Asimismo, viajamos a Huamanga por la ruta de Los Libertadores y regresamos por Nasca pasando por el valle del Sondondo. Cada viaje fue una clase maestra, él mismo aprendía y compartía sus reflexiones. Su expresión era “el Perú nos queda demasiado grande”.

Carlos fue un personaje que multiplicaba sus actividades en los ámbitos más diversos. Conoció el Perú intensamente. Compartió de manera generosa y participativa sus conocimientos, experiencias y propuestas en las aulas universitarias, investigaciones y doquiera pudiera divulgarlas. Siempre fue un provocador de ideas y pensamientos. Al final de su última presentación, parafraseando a un filósofo hindú Carlos nos dejó una profunda reflexión y recomendación: “En lugar de buscar lo que no tienes, encuentra aquello que nunca perdiste”. Añadió lo que él solía repetir a sus alumnos e interlocutores: Reecuéntrense con nuestro país y gócenlo.

Carlos es un hito y un prohombre que el Perú pudo aprovechar mejor.


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