La gestión social ha dejado de ser un componente accesorio para convertirse en un factor crítico de sostenibilidad y gobernabilidad en el Perú, señaló la copresidenta del GESS 2026, Jimena Sologuren, tras enfatizar la necesidad de replantear el rol de esta actividad frente a un contexto marcado por la desconfianza y las brechas estructurales.“La gestión social debe convertirse en una herramienta de gobernabilidad”, afirmó, luego de advertir que sin confianza no será posible sostener inversiones ni impulsar el desarrollo del país.Durante el taller de networking “Rumbo al GESS 2026: voces del territorio”, sostuvo que, durante años, esta actividad fue vista como un complemento dentro de las organizaciones, supeditada a presupuestos o coyunturas. Sin embargo, remarcó que hoy es un componente estratégico para asegurar la viabilidad de los proyectos y su sostenibilidad en el largo plazo.En esa línea, alertó que el Perú enfrenta un escenario complejo, con altos niveles de pobreza, informalidad y brechas en servicios básicos como salud y educación. “La pregunta ya no es si debemos actuar, sino cómo lo hacemos para generar impacto real”, señaló.Asimismo, manifestó que uno de los principales obstáculos es la falta de confianza, que calificó como una constante en el país. En ese contexto, indicó que la desconfianza no solo limita la ejecución de proyectos, sino que también debilita la capacidad del Estado, las empresas y la sociedad para articular soluciones.Frente a ello, planteó la necesidad de apostar por la innovación social como herramienta para abordar problemas cada vez más complejos, así como por el trabajo articulado entre los sectores público, privado y social. “No podemos seguir trabajando de manera aislada. Necesitamos construir sinergias para lograr resultados sostenibles”, puntualizó.