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LOS 25 AÑOS DE OPERACIONES DE COMPAÑÍA MINERA ANTAMINA (PARTE I)

Por: Guillermo Rojas, comunicador empresarial.


Este 2026 Compañía Minera Antamina cumple 25 años de operaciones. Eso será exactamente el primero de octubre, fecha en la cual sus accionistas dieron el "kick off" oficial a esta gran operación y quedó marcada como su partida de nacimiento.

Ubicado en el distrito de San Marcos, provincia de Huari, región Áncash, el yacimiento escondió por más de 100 años un rico depósito de cobre y zinc, principalmente, con una vida útil inicial de 30 años.

Después de un exhaustivo proceso de exploración, que duró dos años (del 96 al 98) y otro de construcción (del 98 hasta el 2001), se habían iniciado, el 28 de mayo, las operaciones de prueba del flamante complejo denominado “La Mina Peruana del Futuro”. El primer embarque fue en la nave Federal Agno el 10 de julio de 2001 con 17 mil toneladas secas de cobre.

Fue don Augusto Baertl, el gran gestor y padre de la criatura, (con el respaldo de los accionistas: BHP, Noranda, Teck y Mitsubishi). Sin su empuje, su entusiasmo, su convicción y su determinación no hubiera sido posible el arranque de este gran proyecto que en su momento tuvo una inversión de US$ 2,500 millones y que fue financiado por más de 50 entidades bancarias a nivel mundial.

Cuenta la historia que, en 1860, el sabio italiano Antonio Raimondi, documentó las propiedades del yacimiento de Antamina en su emblemática obra El Perú, que se publicaría en seis tomos entre 1874 y 1913.

Cuando ingresé a Antamina, en marzo del 2000, estuve un mes en inducción en la oficina de La Floresta (Surco) con Carlos Oviedo Valenzuela y el Dr. Felipe Cantuarias Salaverry, gestores y líderes del área de Comunicación Corporativa y de la primera Vicepresidencia de Asuntos Corporativos, respectivamente.

Luego, ya tuve que subir a mina. A “Mordor”, a Yanacancha, al Cerrito, como solían llamarle (entonces era todavía la etapa de construcción, a cargo de Bechtel.) Los horarios de trabajo eran lo más llamativo y retador, lejos del hogar: 4x3 para staff, 10x10 (operaciones) y 21x7 (socios estratégicos).

Tenías que llegar a Huaraz el día anterior, para aclimatarte a la altura y luego abordar muy temprano unos buses de personal que hacían la travesía de unas seis horas hasta el campamento Yanacancha. Te entregaban tu rancho frío y controlaban tu pasaporte médico y DNI. El equipo de salud y seguridad no perdonaba una, la tolerancia a alcohol y drogas era 0.0.

El camino, a pesar de los baches y trabajos de construcción, era y es hermoso, bordeando el Parque Nacional Huascarán y sus nevados; ingresando por la laguna Conococha, pasabas por las alturas de Chiquián, donde se puede vislumbrar la cordillera Huayhuash, coronada por el nevado Yerupajá (segundo más alto después del Huascarán), pasando por el poblado de Pachapaqui hasta el abra Yanashalla, que era la parte más alta del trayecto (unos cinco mil metros de altura); pasabas luego por la bella laguna de Canrash, donde hay unas truchas que parecen salmones.

Seguidamente, la bella laguna Vinchos, de inolvidable color esmeralda y la celestial Luciacocha, te avisaban que ya estabas cerca de la garita de ingreso de Yanacancha.

Por aquel entonces Antamina tenía controles de seguridad tipo aeropuerto, era toda una novedad: con detector de metales, revisiones de equipajes y hasta sabuesos. Y el famoso molinete, donde de manera aleatoria, podías salir designado para un control “antidoping” o prueba de orina para comprobar que no tenías alcohol ni ninguna sustancia prohibida en tu organismo. Muchos incautos pensaron que podían ir de fiesta el día anterior. Craso error.

Pasados los controles de rigor, los viejos y serios amigos de Orus, expedían los fotochecks y asignaban las habitaciones en coordinación con el equipo de Sodexo. Siempre muy amables ellos. Luego, se hacía trasbordo a unos minibuses que te llevaban hasta el edificio administrativo o “main office”. El soroche y el frío pegaban entonces.

 Las primeras oficinas administrativas de Antamina estaban como a 150 metros de las habitaciones que eran módulos muy acogedores, pequeños, pero funcionales, y el comedor principal estaba a unos 50 pasos de escaleras más arriba aún. Este tramo era la prueba definitiva si estabas hecho para la altura de Yanacancha.

Muchas veces nos agarraba la lluvia, la nieve o el granizo, en el tramo para ir a almorzar, cenar o descansar. Había que estar muy atentos a las alertas de tormentas eléctricas para desplazarse; eran muy estrictas y el equipo de Safety estaba ahí con Manuel De la Puente, Belisario Pérez y Luis Apaza

Siempre un buen refugio para destresarse luego de la chamba fue el gimnasio, o el fulbito, ¡sí a 4,300 msnm! Si no te desmayabas a los 15 minutos calentaba tu cuerpo y como motorcito diéselentrabas en calor.

En las olimpiadas de antaño hubo muy buenos encuentros entre los equipos de Mina, Concentradora, Mantenimiento, Recursos Humanos y Medio Ambiente. Sacaban “chispas”. Desde entonces se implementó el uso obligatorio de canilleras como EPP en el fulbito.

Todas las actividades sociales e hitos operativos quedaban registrados en textos y fotos para el boletín "Antamina en Acción", la primera publicación mensual que emitíamos desde el área de Comunicaciones. Salir en esa revista era como salir en "Somos". Tenía formato tabloide y era full color. Los resultados de los partidos y el fixture se anotaban en los viejos periódicos murales. Años después recién llegarían Radio Yanacancha, los paneles digitales y las redes sociales.

El año previo al inicio de operaciones estuvo lleno de retos y sinergias para difundir las bondades que tendría Antamina y su impacto para el desarrollo de Áncash y el Perú. Era usual estar presentes en los foros mineros y espacios internacionales.

En el lado operativo se avanzaba con el desbroce de mina, el montaje del Truck Shop, la concentradora, el mineroducto y el puerto Punta Lobitos. (Continuará)

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